
9 REVISTA RETOS Y PERSPECTIVAS SOCIALES Vol. 1 No.1 Enero-Diciembre 2020
Chicharrones (69,4 %), quienes afirman que su comunidad es
vulnerable, sin embargo, los encuestados de la comunidad Los
Maceos se sitúan en un 51,2 %. La mayoría refiere que esta
vulnerabilidad es producto del envejecimiento poblacional,
situación que está presente a nivel del país. Por consiguiente,
las políticas sociales deben enfocarse en la atención al adulto
mayor en materia de una mayor accesibilidad y distribución
de los alimentos a nivel del hogar, pues la carencia o
posibilidad de adquirirlos influye en su calidad de vida.
Referido a este último indicador, las familias en ambas
comunidades distribuyen los alimentos en partes iguales
(75,5% Chicharrones y 62,8% Los Maceos), lo que evidencia
la solidaridad, vínculos afectivos, etc. No obstante, es
importante tener en cuenta a los grupos vulnerables, pues en
el estudio, su prioridad en la distribución es baja (51%
Chicharrones y 72,1% Los Maceos). Valoramos que, respecto
al tema de SAF, estos grupos necesitan un tratamiento
especial en cuanto a la frecuencia de los eventos principales
de comida en el día, la ingesta de alimentos saludables y
nutritivos, inocuidad y variedad de los alimentos, etc.
Un elemento importante en estos resultados, es el rol que
ocupan las mujeres en esta distribución. En un 93,9 % de las
familias encuestadas (Chicharrones) las mujeres se encargan
de la distribución de los alimentos, mientras que en Los
Maceos solo un 81,4 %. Esto demuestra que aún existen
estereotipos de género que marcan a la mujer como
responsable de las tareas domésticas.
En ambos indicadores (vulnerabilidad y distribución) el mayor
porcentaje se ubica en Chicharrones; es evidente entonces,
que uno de los indicadores fundamentales para que la familia
tenga seguridad alimentaria es la preparación y educación
que tenga la mujer, puesto que ésta desempeña un rol
fundamental en el establecimiento de la cultura alimentaria
del hogar. Ellas tienden a contribuir más a la SAF que los
hombres, pues tienen mayor control en cuanto a la cantidad
de alimentos que hay en el hogar, su distribución y consumo.
En este sentido los resultados de los estudios de (Angulo,
2016) y (Romero & Ceballo, 2016) coinciden con que son las
mujeres quienes se encargan de que cada uno de los
miembros del hogar reciba una porción adecuada de los
alimentos disponibles, según la edad, favoreciendo siempre a
los grupos más vulnerables. Una mujer con una buena
educación tiene una mayor capacidad de contrarrestar los
efectos negativos que asechen a su familia grande,
igualmente posee una mejor capacidad de usar más
eficientemente los recursos asignados para la alimentación.
Por otro lado, el bajo estatus de la mujer limita sus
oportunidades dentro del ámbito comunitario, frenando la
transmisión de conocimientos y el intercambio de
experiencias.
La posición de la mujer dentro de una comunidad entonces es
un factor básico para la SAF, que puede afectar o favorecer la
disponibilidad, el acceso y la utilización de los alimentos.
En ambas comunidades se evidencia que el nivel nutricional de
las personas (familias vulnerables) está acorde con las
costumbres de la población cubana, sin embargo, el consumo
de carbohidratos y grasa saturados es mayor en comparación
a la fibra dietética. Esto demuestra la preferencia por los
alimentos fritos, uso de grasa animal y el consumo de dulces
en variedad y cantidad, con poca tendencia a vegetales, frutas
y a la leche. El consumo de leche sin hervir es un factor que
impide la correcta manifestación de la seguridad alimentaria
familiar, porque esto proporciona la aparición de diversas
enfermedades diarreicas y parasitismo intestinal.
La ingesta calórica diaria de la población (desayuno, almuerzo,
comida y dos meriendas) no se cumple en la mayoría de las
familias, teniendo en cuenta que muchas veces las personas
no pueden adquirir los alimentos que son más saludables por
los altos precios, pues su adquisición depende del per cápita
familiar y variación en la aparición por épocas de estos
alimentos. Cabe mencionar que los comunitarios reciben la
canasta básica familiar y el resto es adquirido mayormente del
mercado y en ferias agropecuarias.
Hacia la bodega es enviada mercancía para que sea vendida
de forma liberada, pero al ser la demanda mayor a la oferta de
los alimentos, y existir una insuficiente planificación y