
34 REVISTA RETOS Y PERSPECTIVAS SOCIALES Vol. 1 No.1 Enero-Diciembre 2020
estudios latinoamericanos en alfabetización académica han
encontrado que los esfuerzos institucionales dedicados a la
superación de falencias en habilidades de lectoescritura se
encaminan a proponer cursos remediales, que de manera
aislada del currículo disciplinar, enseñan técnicas (Prior y
Bilbro en Carlino, 2013) “Resulta preciso admitir que
aprender a leer y a escribir para propósitos específicos no es
incorporar técnicas ni practicar análisis discursivos sino
involucrarse en un proceso de en culturación” (p.361).
Esta postura también asume la lectura como una práctica
sociocultural, en contraposición a técnicas o destrezas, “la
lectura y escritura deben estar ligadas a los saberes
disciplinares en la medida en que se conciben como prácticas
socioculturales que se alteran, modifican y complejizan de
acuerdo con los ámbitos en los que se inscriben” (Morales y
Restrepo, en Rojas, 2017 p. 127). Así, argumentan que la
lectura y la escritura deben tener un fin para los estudiantes,
que se evidencie en lo que ellos hacen después de leer: si los
estudiantes no encuentran esa finalidad en la lectura, no hay
motivación y no se potencia la comprensión ni la producción.
Frente a este hecho, Osorio y Arias (en Rojas, 2017) resaltan
la importancia de realizar procesos de aprendizaje de lectura
y de escritura a través de las disciplinas, con el objeto de
aprender a manejar la información específica de cada área del
conocimiento.
También argumentan la pertinencia del aprendizaje situado
(Brown, Collins y Duguid, 1989) que rebate la pertinencia de
los talleres de lectoescritura, estos pueden ayudar a tomar
conciencia del funcionamiento del lenguaje; sin embargo, no
enseñan a comprender y producir los textos propios de una
disciplina. Por ejemplo, un curso de comprensión lectora que
tenga el fin de enseñar “técnicas de estudio” fuera de una
situación de lectura real, puede ayudar a conocer un índice,
aconsejar cómo tomar notas o subrayar, pero los estudiantes
no estarán en condición de discernir porqué deberían
jerarquizarse y seleccionarse algunas ideas, y no otras, ya que
no existe ningún objetivo al leer el texto, que es lo usual en la
lectura académica. Debido a que los talleres asumen la
lectoescritura como una acción instrumental, imparten
conocimientos acerca de reglas gramaticales, ortografía,
expresión escrita o comprensión de lectura fuera de contexto;
así los estudiantes aprenden técnicas, que sin el hábito de por
medio, no podrán reproducir en sus asignaturas disciplinares.
Mientras la formación profesional continúa desarrollando sus
prácticas habituales sin implementar el cuidado, ni las
estrategias de enseñanza necesarias para solventar las
necesidades en cuanto a la producción escrita y la lectura de
sus estudiantes.
La lectura y escritura académicas hacen parte de la identidad
personal y social de los sujetos. Leyendo y escribiendo, los
estudiantes aprenden a comunicarse con arreglo a un modo
particular y también aprender a “ser tipos particulares de
personas”; es decir, a comunicarse como académicos”,
“como geógrafos”, “como científicos sociales”, etc. Ese “ser
un tipo de personas” (Curry &Lillis en Carlino, 2013, p. 362),
tiene a su vez, la exigencia de leer y escribir para pertenecer
a la cultura disciplinar, de manera que se trata de un
movimiento circular que una vez incorporado no termina.
Asimismo, Rojas (2017) también es indispensable preparar a
los estudiantes para entrar en contacto con los múltiples
discursos sociales que exceden el campo disciplinar y que
requieren de una actitud crítica propia de ciudadanos
conscientes” (p.34). Es decir, por medio de la lectura, los
estudiantes alcanzarán un discurso que pueda hablarle a
diferentes frentes, propiciando una formación superior que
esté en condiciones de comunicarse con y acerca de su
realidad.
Las estrategias de enseñanza/aprendizaje desplegadas en
este campo, deben fomentar la apropiación de maneras
disciplinares de leer y escribir pues, como asegura Carlino
(2013), si bien los universitarios son corresponsables de
adquirirlas, no son autónomos para lograrlo. De tal manera, la
educación superior debe ser un proceso en el que los
estudiantes alcancen la autonomía necesaria para participar
en la creación de conocimiento, por medio de los hábitos. La
propuesta de la alfabetización académica consiste en medidas
institucionales, como aunar esfuerzos desde la enseñanza de
la escritura con los docentes disciplinares para diseñar las